viernes, 19 de octubre de 2012

IDENTIDAD PERSONAL


Por identidad personal se puede entender: a) el hecho de que la persona se considere a sí misma como idéntica o siendo la misma en distintos momentos del tiempo y lugares del espacio; b) el hecho de que otras personas –cualquier otra persona– pueda considerar a la persona X como idéntica a sí misma en distintos tiempos y lugares; c) aquello que hace que la persona sea idéntica a sí misma y posibilita la identificación mencionada en a) y b), tanto la que de sí mismo lleva a cabo el propio sujeto, como la que sobre él pueden realizar los demás.


 Entendemos la identidad personal en el terreno del sentido c), ya que tanto la afirmación «me considero idéntico», como la afirmación «los demás me consideran idéntico» suponen, si son verdaderas, que en mí haya algo en virtud de lo cual sea el mismo o idéntico en los diferentes tiempos y lugares. Los planteamientos a) y b) son sin duda importantes, ineludibles incluso, si se pretende un desarrollo completo de la cuestión, pero son en cualquier caso secundarios, en cuanto que remiten, más allá de cómo la persona pueda ser psicológicamente considerada por sí misma o por otros, a lo que constitutivamente hace que la persona sea idéntica

Identidad, Diferencia, Desigualdad, Diversidad


Todas las personas, mujeres y hombres de edades diferentes, etnias, clases
sociales, lugares, nacemos y pertenecemos a un grupo social determinado y es
en el seno de este grupo donde tenemos una vivencia de género.
Si partimos de la idea que la diversidad es un hecho inherente en cualquier
grupo humano, constituido por sujetos altos y bajos, de una raza u otra, con
una lengua u otra, hombres y mujeres, hemos de tener claro que la valoración
personal que cada integrante del grupo hace de esta diversidad es lo que
genera diferencias que mal entendidas puede llevarnos a la desigualdad.
Las desigualdades arbitrarias e injustas pueden llegar a mantenerse y
consolidarse generación tras generación, siendo la base de muchos
estereotipos convertidos en verdades absolutas para gran parte de la población
Esta forma de actuar en cuestiones relativas al género ha sido una constante
históricamente. Sin embargo en pleno siglo XXI se hace necesario una
reivindicación clara y es que ninguna vida humana vale más que otra y no se
puede aceptar que algunas personas estén condenadas a tener una vida breve
o miserable por su condición de raza, nacionalidad, clase, sexo o género.